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sábado, 27 de abril de 2013

Qué minorías serían esas que se han ausentado en la sociedad española desde la constitución del Estado (4).




4. Qué minorías serían esas que se han ausentado en la sociedad española desde la constitución del Estado. 


Pensando el concepto de minoría selecta o de élite, no como una categoría sociológica (tanto minorías de subsistemas sociales funcionalmente definidos como en términos de grupos de poder sobre la sociedad) o política, tal como sucede en las modernas sociedades occidentales donde la burocratización del Estado ha conformado orgánicamente una clase política, sino más bien a lo que posteriormente se entendería por la  función social de los intelectuales[1], o lo que es lo mismo, el ejercicio de la actividad intelectual como estímulo de la renovación social, en este sentido, el concepto de minoría sí parece más apropiado para el que Ortega defendería los años anteriores a la dictadura de Primo de Rivera (1.923) y que coincidiría con la época marcada primero por la influencia neokantiana (hasta 1.913 aproximadamente), en la que la labor de los intelectuales complementaría a la burguesía emergente y su acercamiento posterior a la fenomenología husserliana y abandono de las categorías sociales modernas.

lunes, 25 de marzo de 2013

Elitismo y poder social. Estudio crítico del concepto orteguiano de minoría. Las minorías y el ejercicio de sus funciones (3).



3.- Las  minorías y el ejercicio de sus funciones.




Durante varias décadas del siglo pasado, entre la élite de los saberes filosóficos que contribuyeron al sostenimiento de la actividad y las investigaciones filosóficas se encontraron dos grandes maestros que compartieron como misma matriz filosófica la fenomenología existencial, a saber, M. Heidegger y J.P. Sartre. Nadie duda en reconocerles tal condición dentro de la comunidad filosófica. Pero fuera de ella y en relación a la sociedad, ¿compartían el mismo  nivel de integración, reconocimiento o de interacción identificable por el hecho de pertenecer a la minoría selecta que cultivaba el saber filosófico? Sabemos que no. Por ello la función social de ambos fue bien diferente. No por cultivar el magisterio filosófico, que ambos se reconocían, les llevaba más allá del estudio e interés en sus respectivas obras.

martes, 19 de febrero de 2013

Manifiesto de constitución de la Asamblea de Andalucía Córdoba, 16 de Febrero de 2013











                                   Manifiesto de constitución de la Asamblea de Andalucía
                                        Córdoba, 16 de Febrero de 2013

Andalucía y los andaluces sufrimos con especial intensidad los efectos de la actual crisis, que no sólo es financiera y económica sino también social, política, ecológica y cultural. A pesar de que el pueblo andaluz reafirmó en las calles su identidad política el 4 de Diciembre de 1977 y conquistó en las urnas el 28 de Febrero 1980 el reconocimiento de su derecho al autogobierno, más de treinta años después Andalucía continúa a la cabeza del desempleo en el Estado Español y en Europa, millones de personas están en una situación de pobreza, nuestros jóvenes vuelven a tener que emigrar, el territorio continúa desvertebrado, nuestra cultura sigue siendo degradada y las instituciones de la Junta de Andalucía funcionan ajenas a las más importantes necesidades y aspiraciones de los andaluces, lo que  ha llevado a un alejamiento general de la política (que es confundida con el sistema de partidos) y a un escepticismo generalizado a causa de la falta de canales de verdadera participación.

miércoles, 30 de enero de 2013

Elitismo y poder social. Estudio crítico del concepto orteguiano de minoría (II).


2. Los mejores y las minorías definidas funcionalmente.


Empezaremos por preguntar si aquellos considerados los mejores, los que cultivan la “excelencia”, lo son porque ésta estaba definida, como por ejemplo el ideal normativo de cultura[1], y algunos individuos la alcanzaron, o porque se auparon en posiciones de poder social, económico, político, etc., se les ha atribuido socialmente la condición de los mejores, las minorías selectas en sus propios ámbitos de actuación, ámbitos al que las mayorías estarían socialmente limitadas en sus posibilidades de acceso y, como hablamos en términos de poder, quedarían subordinadas. Pero también cabe como tercera posibilidad el tratarse de una condición subjetiva, de empeño personal, esfuerzo y exigencia que tendría proyección en la sociedad, posibilidad que no estaría reñida con las anteriores; antes bien, aquellas podrían ser una consecuencia de ésta. Con ciertas oscilaciones, Ortega se inclinaría por ésta última.


jueves, 3 de enero de 2013

Elitismo y poder social. Estudio crítico del concepto orteguiano de minoría.




Uno de los aspectos más brillantes contemplados por Ortega en su obra La rebelión de las masas es, sin duda, la caracterización del tipo de hombre medio que domina nuestras sociedades y que Ortega vislumbraba ya en su época: el hombre-masa. Aunque los principales elementos que iban a contribuir a identificar ese tipo de hombre, sujeto a un proceso de socialización en el que el incremento de los medios de producción y consumo, debido en gran parte al desarrollo imparable de la ciencia y la técnica y que unido, según Ortega, a la extensión e interiorización de los valores de la democracia y los derechos ciudadanos, estaban presentes en su época, década de los veinte, parece sin embargo que lo que estaba caracterizando sería más bien la configuración de las masificadas sociedades europeas a partir de los años sesenta.
           
Considero bastante acertadas las diferentes tipologías del hombre-masa. Sin embargo, no parece tan válido lo que Ortega denomina triunfo de la hiperdemocracia, ni en aquellos precisos momentos ni en los subsiguientes años de ascenso de los fascismos, ni en la Europa de la posguerra. Pero con todo, no deja de ser un brillante análisis como brillantes son los apuntes que despliega a lo largo de la obra con esa superación que representa la razón vital respecto al racionalismo y al vitalismo.

Menos satisfactoria me resulta la identificación e implementación del papel dirigente que, para la organización de la vida pública y la sociedad, Ortega pretendía de las minorías selectas. No obstante, y teniendo en cuenta el papel específico y más o menos relevante que en épocas diferentes han adquirido esas minorías, y si realmente es posible hoy que en nuestras democracias occidentales las personas de altura moral ejerzan la función dirigente y pedagógica frente a las imposiciones reactivas del resentimiento y del capricho, propias del hombre-masa, trato de diseccionar el concepto de minorías en Ortega, tanto en La rebelión de las masas como en España invertebrada.

De los 5 capítulos, hoy se publica el primero.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Relativismo moral o fundamentalismo: un debate que nos retrotrae a tiempos preilustrados.


En el debate sobre la existencia de valores morales con carácter universal, presentes a lo largo de la historia y válidos para toda cultura, han podido identificarse con cierta nitidez los relacionados con la prohibición del incesto y, algo más ambiguamente, con la protección de la infancia. Algún otro, aún planteados de forma genérica  (restitución y reciprocidad, asesinato…), no alcanza el consenso entre los antropólogos como para admitirlo sin más. Por ello, hablar de contenidos morales, valores, de carácter objetivo y apreciados en toda cultura, resulta problemático; tanto más cuanto que la amplitud de acciones que podemos considerar morales convierte en irrelevante ese escaso y dudoso repertorio de normas de carácter universal. Sin embargo, desde algunas corrientes ideológicas y filosóficas, así como desde las religiones del Libro, se sigue cuestionando el relativismo moral que defienden quienes constatan esta palmaria realidad.


miércoles, 31 de octubre de 2012

Manifiesto "República y federalismo. Por una solución de izquierdas a la crisis económica y al conflicto político"



República y federalismo. Por una solución de izquierdas a la crisis económica y al conflicto político


El fracaso de la reforma estatutaria promovida por el Tripartito ha puesto en evidencia el agotamiento del sistema autonómico, definitivamente desbordado por la manifestación del 11 de septiembre y sus consecuencias políticas. Se ha abierto nuevamente, de ese modo, el debate en profundidad, sobre la organización territorial del estado que ha adquirido, como minino, una dimensión de etapa constituyente.

Este proceso ha coincidido – no sin causas y consecuencias – con la crisis financiera que el neoliberalismo, actualmente dominante a nivel mundial, ha convertido en depresión económica por su intención de aprovecharla para desarticular el Estado del bienestar y privatizar, al máximo, les instancias de intervención económica y asistencia social. En la encrucijada constituida por estos dos procesos, la formación que hoy gobierna a Cataluña, el nacionalismo catalán, conservador y neoliberal, ha querido encabezar el debate territorial, restringiéndolo a un debate identitario unidimensional, para consolidar su hegemonía, y evitar, al mismo tiempo, la erosión social que le supone su firme adhesión al programa de la depresión.

Con equívocos y ambigüedades – y favorecido por las respuestas del gobierno del Estado, el PP e incluso una parte de la izquierda española- el actual Gobierno de la Generalitat ha puesto sobre la mesa, como si fuera la única opción viable ya , la de la independencia de Cataluña. Lo ha hecho con una maniobra política, hasta ahora con éxito; con un uso partidario del once de setiembre y de los medios de comunicación públicos, de enaltecimiento de la denominada Asamblea Nacional Catalana, que es una proyección suya y de sus apéndices políticos en el campo del nacionalismo. Una maniobra que le ha permitido disimular su propia erosión por a la política de recortes que ha venido practicando y que desde la primavera pasada había ido produciendo una ola creciente de contestación social, como el movimiento del 15-M, las huelgas de trabajadores y estudiantes, las movilizaciones contra los desahucios y tantas otras manifestaciones de indignación y rechazo.

Lo que está en juego el 25 de noviembre no es, en primer término, la independencia, sino el establecimiento de una nueva correlación política, que incluso sustituya como referente a la manifestación del 11 de setiembre. Correlación con la cual Convergència i Unió consiga el espacio de maniobra absoluto que necesita para gestionar la crisis política y económica y garantizar una nueva hegemonía por décadas, como la de la etapa pujolista. También está en juego la aniquilación de la izquierda crítica con las políticas neoliberales, por la vía del su difuminación política o por la vía de la su minimización electoral, o por ambas.

Es una elección para una legislatura, no para un momento de decisión. Por lo tanto es necesario volver a poner, también, en el primer plano del debate la actual crisis económica y las intenciones y consecuencias de la política neoliberal, de la que CiU hasta ahora se había mostrado como mejor intérprete que el propio Partido Popular. Y no sólo plantearlo en términos de denuncia, sino sobre todo en los de alternativa: una respuesta de izquierdas de transformación social y económica, que reivindique sin reticencias las políticas públicas de asistencia y protección social y propugne ir más allá con la propuesta de un nuevo modelo político y social, no capitalista y radicalmente democrático; de superación de la configuración neoliberal de la Unió Europea y de la unión monetaria, hoy por hoy al servicio de los centros de poder económico y sin sistemas de control democrático real sobre la toma de decisiones y la ejecución de les políticas comunes . En esta línea cabe reforzar la presión para la renovación democrática inmediata; que ha de incluir la siempre diferida cuestión de la forma del Estado, abriendo paso a la substitución del régimen monárquico por el republicano, en una decisión libre y específica del pueblo.

En lo que respecta al debate territorial, lo primero que reafirmamos es la defensa de una resolución basada en el reconocimiento y ejercicio del derecho de autodeterminación; por medio de una consulta popular específica en términos de disyuntiva, no del plebiscito de una única propuesta. Entendemos que ni el estado centralista ni la fórmula, unitaria, de las autonomías representa la multinacionalidad que existe en el territorio del estado español. Y también que la independencia, que no ha sido la opción histórica de la izquierda alternativa, tampoco es, además, la solución que traduce, en términos institucionales, esa multinacionalidad, también presente en Cataluña.

Por eso defendemos como alternativa propias la instauración de una reorganización política territorial republicana y federativa, heredera de la tradición emancipadora del federalismo catalán y español, desde la época de Pi i Margall. Esta solución federativa ha de adecuarse a la multinacionalidad, reconociendo y traduciendo política e institucionalmente el acuerdo de unidades soberanas, correspondientes a las diferentes nacionalidades, que se unen en un pacto libre de pueblos libres.