Buscar este blog

jueves, 10 de agosto de 2017

La crítica a la noción liberal de libertad desde el pensamiento republicano actual (I).



Introducción


Los estudios recientes sobre el republicanismo han mostrado cierta confluencia en torno a tres ideas presentes en dicha tradición filosófico-política: la crítica a la noción liberal de libertad, la importancia de las virtudes cívicas y una defensa de la democracia como participación y compromiso ciudadano.

En este primer trabajo voy a centrarme en la crítica a la noción liberal de libertad tal como ha sido formulada por los más reputados comentaristas republicanos. Entre ellos también se producen matices diferentes en dicha crítica y que intentaré contrastar con la libertad republicana que el republicanismo democrático ha defendido.

Aclaro que entiendo por republicanismo democrático aquella línea de pensamiento republicano que trata de incluir a toda la comunidad en el ejercicio de la ciudadanía y de las libertades frente a otra concepción republicana más preocupada por la participación política de aquellos sectores de población que reúnen las condiciones económicas adecuadas para ejercer la ciudadanía y la libertad política. Ambas coincidirían en la  importancia del valor de las virtudes cívicas y el autogobierno de la comunidad. Así, dos líneas de pensamiento –no siempre bien delimitadas- se abrirían en el republicanismo. Aparecen ya representadas en la Grecia clásica en las propuestas de Efialtes-Pericles, notoriamente diferentes a las defendidas por Aristóteles, o en la Roma republicana, donde plebeyos y patricios -también Catilina y Cicerón- mantuvieron concepciones republicanas enfrentadas. El republicanismo, con estas diferencias, reaparece en el Renacimiento, en el constitucionalismo americano y en la Ilustración europea.[i]

En el reverdecer de los estudios acerca del republicanismo que se ha producido en la actualidad, no siempre se ha tenido en cuenta esta singularidad. Probablemente se haya debido al intento de encontrar nexos comunes a toda la tradición republicana, con los que enfrentar al pensamiento liberal, el que no se haya diferenciado entre las dos líneas de pensamiento republicano.

Entre los más conocidos estudiosos del republicanismo se encuentran J. G. A. Pocok, Q. Skinner, P. Pettit, M. Sandel, J. Habermas y otros, como las contribuciones de V. Parijs. Ellos analizaron como una de las ideas centrales del republicanismo la idea de libertad en clara oposición a la representada por el liberalismo. En general entienden como noción liberal de libertad aquella que ha sido  planteada como no interferencia o, también, libertad negativa, tal como había sido popularizada por I. Berlin en los años 60, pero que ya se encontraba presente en Benjamin Constant a principios del XIX, aunque la denominase libertad individual o libertad de los modernos, por oposición a la libertad política o libertad de los antiguos.



[i] Véase el excelente estudio de A. Doménech “El eclipse de la fraternidad”.


Francisco del Río Sánchez
Profesor de Filosofía

sábado, 1 de abril de 2017

En el aniversario del final de la Guerra Civil, la República como forma de Estado continúa siendo la aspiración consecuente de un demócrata.



                                                                     
Último bando de guerra firmado por el general golpista F. Franco.
(Hacer clic sobre la foto para ampliar)


El 1 de abril de 1939 se se dio por finalizada la Guerra Civil iniciada con el golpe de Estado dirigido por el general Franco. Tras el último bando militar (ver foto) sufrimos la larga noche (36 años) de la dictadura franquista. Finalmente, con la desaparición física del dictador en 1975, los acontecimientos parecían anunciar que el régimen vivía sus últimos días. Pero se inició entonces un proceso de transición que en el que, en lo esencial, el viejo dictador había dejado “todo atado y bien atado”. La Monarquía impuesta por el general Franco como forma de Estado dio continuidad a la hegemonía del bando de los ganadores de la fraticida guerra.

Conducida por los sectores que dominaban el aparato de Estado, desde el Movimiento Nacional se produjo el acercamiento hacia las principales fuerzas políticas, organizadas en la débil oposición, para alcanzar un pacto que permitiera unas elecciones homologadas en Europa. A tal fin se introdujeron las reformas necesarias sin que supusieran la ruptura con el régimen fascista anterior. La transición continuó con las elecciones de 1977 y, finalmente, con el referéndum que permitió la aprobación de la Constitución en 1978.

Los sectores sociales dominantes en la anterior etapa continuaron su situación privilegiada en la naciente democracia. La forma Estado tuvo continuidad en la Monarquía centralista, manteniendo el poder oligárquico de las mismas minorías e imponiéndose un escrupuloso silencio sobre la represión y crímenes del pasado. Los aparatos del Estado y el poder judicial permanecieron intactos mientras se consolidaba una partitocracia, apoyada desde la propia constitución y la ley electoral, que permitiría el establecimiento de la clase política que garantizase el statuo quo económico, sin que pudiera desarrollarse el Estado del bienestar tal como había sucedido en los países que entonces conformaban el núcleo central de Europa. Los privilegios de la minoría dominante permanecieron intactos, aumentando su poder y la desigualdad económica en el país desde entonces. La Iglesia católica, aliada del régimen anterior, continuó su intromisión en la esfera del Estado sin apenas revisión.

Herederos de aquella transición, hoy, se vive un panorama desolador en todas las instituciones del Estado, a la par que aumenta la desigualdad social y la desafección de la población respecto al poder político. El exceso de poder acumulado por unos pocos, las minorías económicas y financieras (grandes empresas y bancos) y la clase política, ha acabado por sobrepasar los límites que el Estado de derecho impone. Desde la familia real, pasando por el Gobierno y los viejos partidos políticos del régimen del 78, la corrupción amenaza por cualquier esquina. No hay institución sobre la que no recaiga alguna sospecha y en los tribunales se acumulan las imputaciones. Hasta los sindicatos oficiales, que han sido un bastión importante para consolidar una política regresiva hacia las clases trabajadoras, se encuentran entre las instituciones beneficiadas por el Estado y encausadas por posibles corruptelas.

Aquel modelo de transición, y la Constitución resultante, pudo responder a la correlación de fuerzas existentes en aquellos entonces, pero hoy no representan a la mayoría de la población. Sólo una exigua minoría de la actual población viva participó en aquel referéndum que la aprobó. La monarquía, que aparecía escondida en el articulado del texto constitucional, impidiendo que la población pudiera pronunciarse sobre la forma de Estado, es decir, entre Monarquía o República, carece ya de la escasa legitimidad con la que nació.

En consecuencia, lo que hoy tendría que demandarse es la apertura de un proceso constituyente y la implantación de la República como forma de Estado. Es decir, dar fin a la continuidad del franquismo prolongado en la transición, en el modelo de sociedad y de Estado configurados desde entonces (el régimen del 78), para hacer realidad que la democracia sea el autogobierno del pueblo. Y esto es, simplemente, una aspiración de cualquiera que se considere demócrata.



jueves, 23 de febrero de 2017

La primera manifestación del Estado contra el golpe del 23F se produjo en Granada. Un relato personal sobre ese día en Granada y del que apenas ha circulado alguna información


Artículo publicado en http://www.todoslosnombres.org


Tejero, al frente de un grupo de guardias civiles, secuestra la sede parlamentaria.

Hoy se cumplen 36 años del intento de golpe de Estado protagonizado por el teniente coronel Tejero, quien al mando de un numeroso grupo de guardias civiles, asaltó el Congreso de los diputados. El  capitán general de Valencia, Jaime Miláns del Boch, movilizó al  ejército en su región militar poco después mientras el general  Alfonso Armada negociaba la configuración de un nuevo gobierno presidido por militares. Los movimientos en los cuarteles eran vacilantes y la amenaza de días de terror y represión se cernían sobre la población. La respuesta popular de rechazo al golpe, tras el miedo inicial, paulatinamente, iría surgiendo pasadas las primeras horas, hasta alcanzar las movilizaciones más masivas alcanzadas desde la transición.

La primera manifestación se produjo en Granada, media hora después de la entrada de Tejero en el Congreso. El relato de esta primera manifestación ha pasado casi desapercibido y las escasas referencias han sido incompletas. Por ello me propongo contarlas tal y como yo las viví.   

Desde varias semanas antes del golpe, aquel 23-F de 1981, estudiantes becarios protestaban por los retrasos en el pago de sus becas. La situación era especialmente grave, por cuanto eran jóvenes que dependían de ellas para proseguir sus estudios en Granada. Tras diferentes y fracasadas  gestiones, decidieron llevar a cabo un encierro en la iglesia de los jesuitas en la céntrica Gran Vía.

No muy lejos de allí, en la parroquia de S. Idelfonso , en la calle Real de Cartuja, miembros de la Comisión de Parados manteníamos también un encierro, con huelga de hambre incluida, en protesta por la nula respuesta de las instituciones, especialmente referidas al Gobierno Civil, para que librasen fondos, que podrían ser los propios del que hasta entonces había sido denominado empleo comunitario, en la capital granadina y contratando directamente a los parados organizados que reclamaban el puesto de trabajo.

En los días previos a la fecha del  “tejerazo”, un grupo de los estudiantes becarios visitó a los parados encerrados en S. Ildefonso. En aquella reunión se decidió convocar una manifestación el 23-F a las 19 horas en apoyo a ambos encierros. Hubo diferencias respecto al recorrido que debía tener la manifestación, pero como iba a ser el grupo de becarios quien la promoviera legalmente, se dejó el recorrido tal como se había propuesto; es decir, desde el Salón hasta la plaza de Colón.

Tras la marcha de los becarios de aquella reunión, los parados reunidos en la iglesia decidieron que ellos, una vez completado el recorrido oficial, seguirían en manifestación hasta la iglesia S. Ildefonso, donde permanecerían en todo momento los cuatro que estaban en huelga de hambre.

Este plan de la Comisión de Parados no gustaría a los becarios/as. Al conocer nuestras intenciones, el día 22 se acercó un grupo de ellos a la iglesia S. Ildefonso (1) para expresar su malestar. Entendían que los parados pretendían reventar la manifestación. Se les dijo que ni mucho menos era esa la intención, sino que como de lo que se trataba era de expresar la solidaridad con los encierros, lo consecuente era que los parados, una vez llegados a la plaza de Colón, continuaran por la Gran Vía hasta la calle Real de Cartuja, lugar de la iglesia. Y a esa marcha, se podría sumar quien quisiera. Los demás podrían, sin más disolverse. Se fueron no muy convencidos.

El día 23 por la tarde, mientras se ultimaban los preparativos para la manifestación: pancarta, hojas que quedaban por distribuir, etc. el transistor estaba encendido en el canal de la SER. A las 18: 30 retransmitían la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo cuando, aparte de los encerrados en huelga de hambre (tres, pues uno había abandonado un día antes), en el salón parroquial quedaban unas 3 ó 4 personas que se disponían a salir para el lugar de inicio de la manifestación. En ese momento oigo atónito el “quieto todo el mundo” de Tejero, los disparos y los sorprendidos comentarios del periodista. Llamo al grupo a punto de salir y les cuento lo sucedido mientras la radio continuaba de fondo. Quedamos en que no se modificaban los planes, pero que ahora se trataba, sobre todo, de manifestarse contra el golpe de Estado.

Cuando nos quedamos los tres huelguistas solos, prácticamente estuvimos de acuerdo en que el encierro teníamos que dejarlo. Si el capitán general de Granada decidía sumarse al golpe, siguiendo a Miláns del Boch en Valencia, entonces éramos carne de cañón, no tardarían los militares en presentarse en la iglesia. Además, teníamos que limpiar las casas de propaganda, esconder la multicopista, avisar a quienes pudieran no haberse enterado (aunque la mayoría estarían en la manifestación) y buscar un lugar seguro donde refugiarse mientras se mantuviera activo el golpe, especialmente aquellas personas que pudieran ser objetivo de una noche de “cuchillos largos” protagonizada por grupos de ultraderecha. Decido salir a la cabina telefónica más próxima, justo detrás del Gobierno militar. Se observa calma.

Realizo diversas llamadas telefónicas a la vez que los pensamientos circulan desordenadamente aplicando la ortodoxia: “la burguesía no puede darse un golpe a sí misma. Esto no puede triunfar. Será desde el mismo poder desde donde se frene esta locura. Tienen que ser los poderes fácticos (el propio ejército, la banca, la CEOE, la Iglesia, etc.) quienes lo frenen. No les interesa exacerbar un conflicto de clases, sus intereses han estado bien defendidos desde el ejecutivo y el legislativo”. Al fondo veo surgir desde la penumbra la silueta de mi madre. Increíble, vaya día que había elegido para hacerme una visita. “Mamá, ¿es que no te has enterado del golpe de Estado y de que ahora mismo hay una manifestación por el centro?” Se queda atónita. No sabía nada. “Coge el 11 al contrario, dirección Camino de Ronda, ahí en el Triunfo. Te bajas detrás de la Virgen de las Angustias. Esa zona ya estará tranquila para cuando llegues. Luego te llamo a la casa”. Le digo que probablemente dejaremos el encierro, pero que por ahora no sabía dónde pasaría la noche.

Cuando llegó el párroco, José Antonio Moreno, le cuento lo que ha pasado y que tomaremos una decisión respecto al encierro cuando termine la manifestación. Pasadas las 19:30 (en Valencia ya se había decretado el estado de excepción y el ejército se encontraba desplegado en las calles) oigo gritos de “contra el golpe, lucha obrera”. Un grupo de algo menos de 50 parados llegan al salón parroquial. Les doy las novedades sobre el golpe. Ellos cuentan cómo discurrió la manifestación: rápidamente se extendió la noticia y los gritos de los/as manifestantes se centraron en el rechazo al golpe, dejando en un segundo plano las otras reivindicaciones. Al llegar a Colón, casi todos/as se disolvieron exceptuando el grupo cabecero de parados, que marchaba tras la pancarta y que, con cierta desorientación, no sabían bien qué hacer. Siguieron, más por inercia que por otra cosa, por la Gran Vía. Ya sabían que las calles adyacentes estaban repletas de coches y furgonetas de los antidisturbios. Iban en silencio y, ciertamente, temerosos (eran pocos y se dudaba de cuál podía ser la reacción de la policía). Sólo al pasar el Gobierno Civil y doblar hacia la calle Real decidieron gritar con fuerza. La policía no intervino. Después se comentaría que algún grupo intentó alguna barricada, pero sin mayores consecuencias.

Debatimos la situación. Alguien informa que la sede de Fuerza Nueva, en el Humilladero, era un hervidero de militantes de ultraderecha. Nos llama la atención que la reunión se haya producido con esa celeridad, y que, incluso, hubiera actividad desde antes de la entrada de Tejero en el Congreso. Recogimos lo que se pudo y paulatinamente abandonamos el encierro. Nos despedimos de José Antonio, el párroco, quien, visiblemente preocupado, se afanaba por poner cierto orden en su despacho.

Desde mi refugio, comiendo algo tras una semana sin hacerlo, escucho el pronunciamiento de la cúpula militar, la JUJEM (Junta de Jefes de Estado Mayor) condenando el golpe y llamando al orden a las fuerzas armadas. Rafael Termes, presidente de la patronal bancaria, comunica su apoyo a la Constitución rechazando también el golpe. Ferre Salat, en nombre de la CEOE, hace los mismo. Por supuesto, se pronuncian otras fuerzas sociales y sindicales.

Esto se acaba: sin base social, sin apoyo de los poderes económicos, sin contar con el mando militar, el golpe no puede mantenerse durante más tiempo. También a pesar de las inquietantes declaraciones del secretario de Estado norteamericano (“el golpe era un asunto interno”).  ¿Pero qué ha pasado con el jefe del Estado? ¿No tenía que haber sido el primero en condenar la asonada, y como jefe supremo de la FFAA haber ordenado a las tropas el regreso a sus cuarteles? ¿No tenía que haberse dirigido a la Guardia Civil, que tenía secuestrado el parlamento, para que se entregasen? Van pasando las horas con el transistor encendido y, también, pendiente de cualquier ruido extraño  que pudiera oírse desde el exterior. Redacto el manifiesto de la Comisión de Parados que íbamos a leer en la asamblea convocada en la facultad de Ciencias. Antes de quedarme dormido (cerca de las 1:30 de la madrugada), oigo el comunicado del Rey.

Comentaba al principio que había una incompleta alusión a esta primera manifestación contra el golpe. En concreto me refiero al libro de Alfonso Martínez Foronda, “La cara al viento” (Ed. Páramo). En este libro, su autor, solo se refiere como entidad organizadora de la 1ª manifestación del Estado contra el golpe a la Comisión de Becarios, mencionando también a diferentes partidos de izquierda que la apoyaron. Es curioso que en ese mismo libro se refiera a la noticia que apareció en el diario Patria, el día siguiente, haciéndose eco de la manifestación y que, según el titular de la misma noticia, fue convocada por la comisión de becarios y la comisión de parados conjuntamente. Sin embargo, Martínez Foronda parece ignorar ese hecho. Que sepamos, esta noticia del diario Patria, ha sido la única referencia en algún medio o libro sobre la presencia de la Comisión de Parados en dicha manifestación. Valga este relato como contribución veraz sobre lo acontecido.


1.- La elección de la iglesia de S.Ildefonso fue debida a su ubicación en una barriada obrera, castigada por el paro y la pobreza, y a que el párroco y un buen número de feligreses (pertenecientes a las comunidades cristiano-populares) mantenían un fuerte compromiso con los sectores desfavorecidos de la población. Durante la transición y hasta que el párroco fue trasladado, esta iglesia estuvo siempre abierta a los movimientos e iniciativas populares
              

jueves, 1 de diciembre de 2016

La libertad confiere dignidad al ser humano. Del republicanismo clásico a la renta básica


Artículo publicado en la revista Pensamiento al margen


La libertad confiere dignidad al ser humano. Del republicanismo clásico a la renta básica

              Francisco del Río Sánchez
Resumen
Si la condición humana tiene la libertad como estructura universal y es lo que confiere de dignidad al ser humano, será el ejercicio real de ella lo que habría ocupado la centralidad de la disputa social en la historia de nuestra cultura. El desarrollo normativo y práctico desde la Grecia clásica ha señalado una colisión entre visiones enfrentadas que responden a esa implacable dialéctica de las libertades que señalaba Sartre. En el mundo moderno, las formas de entender el ejercicio de la libertad continúan esa lógica: por una parte, modelos que favorecen unas reglas de juego que permiten una distribución desigual del ejercicio de la libertad como en el liberalismo; por otra parte, quienes proponen los dispositivos que impidan la limitación y exclusión del ejercicio de las libertades de los sectores sociales no privilegiados, como es la libertad republicana.

Continuar leyendo en el siguiente enlace de la revista:

Pensamiento al margen

sábado, 6 de agosto de 2016

A 80 años de la muerte de Blas Infante, el pueblo andaluz sigue empobrecido y su identidad diluida. Un breve esbozo del pensamiento infantiano.



                                                                             


El 11 de agosto de 1936, Blas Infante fue fusilado en el km. 4 de la carretera de Sevilla a Carmona por los golpistas que se habían levantado contra la legalidad republicana. Aquel asesinato se justificaría en una sentencia dictada 4 años después y, en una aberración jurídica, aplicando retroactivamente la ley. Hoy día sigue sin haberse revisado esa ignominia. Que esta reparación no haya sido posible, que los restos de Infante se encuentren en una fosa común del cementerio de S. Fernando, según se supone, es una muestra de la situación de debilidad política y cultural del pueblo andaluz. Y del olvido de lo que fue la obra y el pensamiento de Blas Infante.

La figura del considerado padre de la patria andaluza, Blas Infante, vuelve a emerger con reconocimientos desiguales. Por un lado, las instituciones oficiales parecen mostrar a un Blas Infante que se reconocería con el modelo actual de comunidad. Pero por los sectores más sensibilizados con las históricas demandas del pueblo andaluz, se denuncia la tergiversación de su pensamiento y los objetivos políticos que  Blas Infante persiguió.

¿Cuáles fueron las inquietudes de Blas Infante, qué se proponía para recuperar el estado de postración en que permanecía –y permanece- el pueblo andaluz? En un pasaje de su primera obra, “El ideal Andaluz”, expone lo que le guiará siempre en su quehacer político por el pueblo andaluz: ““Yo tengo clavada en la conciencia, desde mi infancia, la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales…” (Infante, 1915)[i]. Los andaluces, desposeídos a partir del siglo XIII de sus tierras, entraron en la Era Moderna bajo el poder de la nobleza castellana. Desde entonces, los que no fueron expulsados (también con las posteriores de tipo económico), vivieron sumidos en la explotación económica y en la asimilación cultural. Infante sabía que la recuperación de la identidad pasaba por la reapropiación de lo que fueron sus medios de vida. Para que el pueblo andaluz pudiera volver a ser un pueblo, tendría que disponer de la propia capacidad de producir sus medios de vida, y hacerlo con las características con las que siempre lo ha intentado: proyectando su espíritu. Ninguna de las fórmulas políticas en pugna durante el siglo XX satisfacen el ideal del pueblo andaluz, el ideal de libertad, porque ese ideal, presente en la cultura andaluza desde sus orígenes, solo puede conseguirse cuando la libertad individual coincida con la libertad colectiva del pueblo en una sociedad justa orientada hacia el ideal de humanidad.

Infante continúa elaborando su pensamiento filosófico y político en obras como “La dictadura pedagógica”, la inconclusa obra “Fundamentos de Andalucía” o “El complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía”. La libertad tiene que construirse desde abajo, desde el  individuo al municipio, pasando por la comarca y la provincia, hasta alcanzar el autogobierno como pueblo. La propiedad privada puede ser superada por la propiedad de todos, la propiedad comunal; pero el derecho a la posesión, a la generación de riqueza y a los productos del trabajo, estará a disposición de cada cual y al alcance de todos. Todas las familias jornaleras, los auténticos andaluces que fueron desposeídos, por tanto, tienen derecho a la tierra, al trabajo y la posesión de ella.

El ideal presente en el pueblo andaluz es un ideal de libertad incompatible con el capitalismo y el colectivismo socialista. La cultura andaluza es una cultura de raíz libertaria, humanista y vitalista, como sus abolengos griegos, y cuyo genio ha proporcionado brillantes épocas (Tartesos, Bética, Al-Andalus) en la historia. Derrotado y oculto, el ideal andaluz, de libertad y justicia, podrá aparecer y realizarse surgiendo desde cada individuo, construyendo la democracia con la entrega de los mejores hombres y mujeres en la tarea de formar al pueblo en la paz, la libertad y solidaridad para alcanzar un comunismo afectivo, de seres humanos libres y solidarios, es decir el comunismo libertario.

Si de Castilla proviene el señoritismo parasitario enquistado en la estructura social andaluza: el señorito, cacique o terrateniente que oprime y explota al pueblo andaluz; y si el Estado español, su dominio político y centralista, son la causa del empobrecimiento y anulación político-cultural de Andalucía, entonces España es el problema. En consecuencia, el pueblo andaluz, contra el señoritismo y contra el españolismo, tiene que exigir la autodeterminación, constituirse con la capacidad política para ser dueño de sus propios recursos y decidir por sí misma su propio destino. No para construir una Andalucía cerrada en sí (el nacionalismo andaluz es un nacionalismo antinacionalista), sino para el progreso de los pueblos en el ideal de libertad, el ideal de humanidad que, como sucedió en otros períodos de la historia, emergerá desde las propias raíces culturales de Andalucía.

Francisco del Río Sánchez
Profesor de Filosofía





[i] El Ideal Andaluz Ed. Fundación Blas Infante, p. 80

lunes, 21 de marzo de 2016

La libertad confiere dignidad al ser humano. Del republicanismo a la renta básica (II)



Dimensiones enfrentadas en el ejercicio de la libertad (II):

Referirnos al ser humano como una subjetividad libre sin asumir las condiciones materiales de existencia, los movimientos históricos de poder y saber y la trama de relaciones de dominio en las que el ser humano se desenvuelve, nos daría una visión idealista y errónea de lo que constituye la condición humana. La situación y las circunstancias en las que se desarrolla la vida individual y social han alcanzado tal grado de complejidad estructural que no podemos sino hablar de subjetividad devaluada o microsubjetividad.

Aun a pesar de ello, ser una subjetividad devaluada no impide el hecho sustancial de la libertad como estructura que identifica al ser humano y que, a diferencia del resto de seres, lo convierte en sujeto de posibilidades. Y es la libertad como autodeterminación, como capacidad de elegir y justificar lo elegido, la que confiere dignidad al ser humano. En consecuencia, la carencia o limitación de la capacidad para decidir por sí, de autodeterminación, supone la pérdida de dignidad. Esto es lo que sucede cuando las decisiones y el proyecto de vida están en manos de otros, cuando el ser humano es considerado como instrumento o medio por otros que se proponen alcanzar sus propios fines utilizándolo. Por tanto, establecer las condiciones en que es posible la libertad como autodeterminación es, a la vez, afirmar la dignidad humana[1]

Por ello, la aceptación teórica y normativa de las dimensiones del significado y ejercicio real de la libertad han sido el eje sobre el que las aspiraciones humanas han entrado en pugna en la historia de nuestra cultura occidental: tanto las diferentes maneras con las que se ha pretendido interpretar, dependiendo de las épocas y los intereses, como ha podido ser ostentada según la proximidad al poder y ha sido socialmente distribuida para diferentes sectores de población, para unos individuos u otros, ni las propuestas regulativas de la libertad han sido asumidas de la misma manera ni los márgenes efectivos de elección han sido los mismos para todos.

viernes, 25 de diciembre de 2015

La izquierda y cómo superar las aritméticas imposibles



Nunca antes, en la historia de nuestra actual democracia, las fuerzas políticas que se oponen al régimen bipartidista instaurado en la transición habían obtenido una cifra superior a los 5 millones de votos y superado el 20% de los votos emitidos. Nunca antes el régimen había quedado tan debilitado. Y además, con la sensación de que la fuerza emergente que protagoniza tal éxito podría avanzar aún más y ser hegemónica en la propuesta de construcción de un nuevo modelo de Estado y de apertura de una segunda transición. Los cinco ejes sobre los que giraría esa segunda transición tienen un apoyo social creciente que pueden ser, por fin, los que vertebren un país construido desde los pueblos y la gente, un modelo de Estado que esté realmente legitimado en la voluntad libre de la ciudadanía. En definitiva, la vieja aspiración que los organismos de la oposición democrática reclamaron en los últimos tiempos de la dictadura franquista.

Que pueda vislumbrarse la consecución de esta aspiración democrática ha sido, sin duda, un éxito del proyecto novedoso e inédito en la cultura europea que representa Podemos. Sin embargo, en la vieja y tradicional izquierda, la misma que heredaría los principios del partido que impulsó la Junta Democrática los últimos años de la dictadura y que nunca pudo imponer los planteamientos de ruptura democrática, no parece que se hayan percatado de la profundidad e importancia del cambio producido en la sociedad y de lo que significa el partido que ha sabido asumir el nuevo tiempo. Un nuevo tiempo que se gestó en 2011 con el movimiento de indignados, con el 15M, que hizo tambalearse los conceptos clásicos con los que la ciudadanía asumía su situación política. Los referentes políticos e ideológicos derecha-izquierda perdieron la presencia social que, todavía, obstinadamente pretenden asentar en el debate político las fuerzas políticas tradicionales.

Izquierda Unida, que nunca pareció entender el revulsivo que supuso el 15M, finalmente se apoyó en el liderazgo de un líder salido de su seno. Pero las inercias de su pasado como fuerza de izquierda y el aparato anclado en ellas continuaron con el viejo discurso impidiéndole sumarse al clamor del cambio que Podemos, alejado de los ejes izquierda-derecha, representa. En las elecciones cosechó un cercano millón de votos y dos diputados. En realidad, ese resultado, era el propio de quien se encuentra en proceso de decadencia y que no acaba de asimilar el nuevo tiempo. No obstante ese declive, ese millón de votos también estaría en condiciones de asumir el cambio que la sociedad demanda con fuerza creciente y que con su suma, en efecto, este horizonte sería más realizable.

Estos días hemos escuchado algunas voces de la izquierda pidiendo la confluencia en aras de esa realizabilidad posible. Y se hacen las aritméticas sumando votos de unos y de otros, como si nada hubiera pasado y todas las fuerzas representaran y jugaran a lo mismo ante una sociedad estanco representada fielmente en las fuerzas políticas a las que votaron el 20D. No se preguntan por qué Podemos alcanzó ese número de votos y por qué IU-UP se quedó en una quinta parte. No se preguntan por qué IU nunca no ha tenido ese papel como expresión de la indignación popular que, sin embargo, en apenas dos años de existencia sí ha sabido canalizar Podemos. Parece que entienden que la estrategia entre una fuerza política y otra fuese prácticamente la misma y todo se trata de confluir y sumar los votos que ambas tienen.

En eso consiste el error: la estrategia y el discurso es diferente. Y la apreciación que parte de la opinión pública tiene sobre cada una de ellas también es diferente. Ello es lo que hace que la aceptación popular de uno y otro sea tan enorme. Para una confluencia entre ambas, tendría que concretarse, antes que nada, en una confluencia en aquel discurso que está conectando con la sociedad e impulsando hacia el cambio. Una confluencia manteniendo los principios de cada cual es una confluencia hacia la decadencia, hacia los porcentajes en los que siempre se ha movido la izquierda.

Mientras los referentes ideológicos, el discurso teórico y el análisis de la realidad social se mantenga en los parámetros tradicionales de la izquierda, el apoyo social se mantendrá en los porcentajes irrelevantes en los que se mueve en el panorama europeo. La audacia hoy, que ha sabido reinterpretar el discurso político y canalizar la indignación ciudadana, es la que ha planteado Podemos. Si IU quiere sumarse, tiene que asumirlo. Y eso no es lo se atisba entre sus dirigentes.

No obstante, en IU hay cuadros y militantes que esperan el encuentro. Para ello tienen que vencer las resistencias de quienes hacen de sus tradicionales señas de identidad su puesta en política. Tienen que superar las simplezas de análisis que creen extrapolables las confluencias en determinados territorios que se han saldado con resultados apreciables, como si hubiesen sido solo producto de la suma de las partes que se involucraron y no el resultado de una discurso y unas práctica diferentes. La tarea es difícil y, seguramente, no podrá abarcar al conjunto de la organización. Pero es una necesidad que la acometan para incrementar las fuerzas del cambio y no quedar como mero testimonio marginal, como supervivientes de una visión del mundo superada por los cambios sociales y culturales que nuestro tiempo vive. En Portugal y en Grecia, donde numantinamente resisten, permanecen estancados residualmente sin apenas capacidad de operar en la realidad que sus países están viviendo. Ese no es el futuro que les deseamos.

En definitiva, sumarse a las fuerzas del cambio exige hacer un esfuerzo de transformación en los discursos y en las prácticas que, aunque todavía no es lo que se atisba entre sus dirigentes, IU tendría que asumir. Entonces la confluencia no sería difícil.



Francisco del Río
Profesor de filosofía