Buscar este blog

martes, 17 de abril de 2012

Los pueblos de Castril y Cortes defienden el río, el patrimonio natural y cultural, su identidad (I).



Crónica de un proceso de lucha en el que David se enfrentó a Goliat.


1ª Parte

El proyecto de trasvase del río Castril hacia la comarca de Baza: tras las primeras protestas y la paralización de las obras, en el verano de 2010 las movilizaciones de los pueblos ribereños alcanzan su momento álgido cuando, sorprendentemente, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) y el ministerio de Medio Ambiente deciden reemprender las obras a pesar de que el Supremo, en marzo de ese año, había declarado nulo de pleno derecho el decreto que las amparaba. Cortes de Baza es sometido a un virtual estado de sitio.



El río Castril, que discurre por los términos municipales de Castril y Cortes  de Baza, viene a desembocar en el embalse del Negratín, uno de los mayores de Andalucía. Desde sus empantanadas aguas se regula la cuenca del Guadalquivir, riegan y beben en la cuenca del Almanzora. Este embalse, que se encuentra a escasos kms. de Baza, puede ser siempre una garantía contra hipotéticas y futuras necesidades de agua, tanto para abastecimiento como regadío, en toda la comarca. Pueblos como Baza, Zújar, Freila, o Benamaurel podrían aprovechar su privilegiada cercanía si llegado el momento, y ante una deficiente gestión de sus propios recursos, lo necesitaran.

Esto puede parecer de una lógica aplastante. Pero, sorprendentemente, no piensan lo mismo desde la CHG y el ministerio de Medio Ambiente. Según su criterio, la calidad del agua del río Castril, es tan superior a cualquier otra, incluso a la propia del río en su desembocadura en el Negratín, que justifica que se realice un trasvase desde un punto más elevado del río, desde el Portillo, embalse situado por encima del pueblo de Castril, para abastecer de agua a los municipios de la comarca de Baza que actualmente la demandan. Es decir, que el agua de la que se bebe en Almanzora (desde el Negratín) no es apta para Baza y demás pueblos. El agua del mismo río, contra lo sostenido por los informes solicitados por la propia Junta de Andalucía, tampoco tendría la misma calidad que la que posee en su desembocadura. Y Para justificar esta irracional agresión ecológica, el trasvase desde el río (momentáneamente algo más abajo del Portillo para evitar el paso por la Peña de Castril, Monumento Natural) inventan necesidades de abastecimiento para una población de 80.000 personas y, además, con carácter de emergencia. Sabemos que entre Baza y los otros municipios que también aspiran a disponer del agua del río Castril, no alcanzan los 35.000 habitantes. También sabemos que Baza dispone de una sierra que es capaz de recargar sus acuíferos (sólo el acuífero Sierra de Baza tiene una recarga anual de 50 hm3) sobradamente suficientes para satisfacer las necesidades de agua en la comarca. De la capacidad de dicho acuífero es una muestra suficiente las autorizaciones de nuevas concesiones para regadío, los pozos ilegales que proliferan y cuyas extracciones son permitidas, o, incluso, intentan legalizar, cual es el caso de uno de ellos, abierto por amigos políticos en las proximidades de una de las fuentes de las que se abastece la población de Baza, en concreto la fuente de S. Juan.

Pero si esto es así, si en Baza realmente no se dan problemas de escasez de agua para abastecimiento, si pueden captarla desde el Negratín, o desde la desembocadura como proponía la Junta de Andalucía en el denominado proyecto alternativo, ¿por qué ese interés en las aguas del río Castril? Pero la pregunta podríamos formularla en contrario: ¿Por qué no utilizar las aguas del río Castril?, ¿por qué no aprovechar el embalse del Portillo, sobre el río Castril, situado por encima del municipio? En efecto, para la CHG, para las administraciones y para los responsables políticos provinciales de los partidos mayoritarios, el agua de un río no es más que un factor económico que,  como tal, puede contribuir, y debe hacerse con la mayor eficiencia, como cualquier otro factor económico, en la generación de riqueza en términos de crecimiento económico o valor añadido. En definitiva, el pensamiento desarrollista que predomina en los gestores del capitalismo. Además, para las partes beneficiarias e interesadas, es un bien económico con el que, como los demás, también  se puede especular.

El río Castril tiene un indudable valor ecológico que nadie, hasta la fecha, se ha atrevido a cuestionar. Su ecosistema, alberga y alimenta especies protegidas como la trucha común (genéticamente única), boga del Guadiana, barbo gitano o cacho, en la vegetación de ribera compuesta de sargas, sauces y chopos, incluida en la directiva europea sobre flora y fauna silvestre (la conocida directiva hábitats), anidan especies como la nutria o el musgaño de cabrera; en el río habita una rica variedad de macroinvertebrados (reconocida en el estudio universitario dirigido por Alba Tercedor, “Poblaciones faunísticas del río Castril”), entre otras especies. Para las administraciones, para los poderes, ello no necesita más protección que la mera conservación como piezas de museo. La no desaparición, aunque sea en hábitats diferentes, parece agotar su política medioambiental.

Por último, la agricultura tradicional en Castril y Cortes. ¿Qué valor añadido supone? Irrelevante en términos del PIB andaluz. El agua como factor económico, para otros sectores o para otra agricultura, incrementaría en niveles exponenciales su productividad, contribuiría a la generación de plusvalías para los agentes económicos con intereses e inversiones dependientes de ella. En este modelo, no hay cabida para las familias que secularmente dependen de una agricultura de supervivencia, como es el caso de las familias agricultoras de Castril y Cortes: choperas, hortalizas, frutas y olivos no tienen la relevancia económica que esa misma agua puede proporcionar en el sector turístico, viviendas, campos de golf o la agricultura extratemprana e intensiva. Ni en la especulación o compra-venta de derechos.

El río Castril ha configurado históricamente la identidad de los pueblos ribereños. Por ello, además de la defensa de sus valores naturales y la defensa de su agricultura, también ha sido el valor simbólico lo que ha impulsado a los vecinos y vecinas a movilizarse en estos últimos años. No obstante, siempre se han mostrado abiertos a negociar otras alternativas, que las hay, para el caso de que se mostrase que realmente sus aguas son necesarias en otra parte. No referimos al proyecto apoyado por la Junta de Andalucía, consistente en la captación de aguas desde la desembocadura del río, donde, además, dichas aguas tienen la misma calidad que en otras partes del río. Este fue el planteamiento inicial que esgrimieron las fuerzas sociales que se oponían al trasvase. Las elecciones municipales del 2007 cambiaron el signo político del ayuntamiento de Cortes, aupando al equipo de gobierno a candidaturas contrarias al trasvase. En el vecino ayuntamiento de Castril, un pacto del PSOE con el único concejal del PP, luego declarado tránsfuga, como el alcalde, impidió el gobierno de la candidatura que se oponía al trasvase. Las movilizaciones se sucedieron con manifestaciones multitudinarias de ambos pueblos en Castril y Granada.

Pero, ¿a qué se debe tanta obcecación? ¿Por qué las administraciones se negaban -y se niegan- a negociar sobre la base de las alternativas disponibles? La CHG aprovechó el decreto de medidas contra la sequía que, con carácter de emergencia, el Gobierno aprobó a finales de 2005, para retomar un antiguo proyecto –descartado entonces por su impacto ambiental-, e inventando las necesidades de abastecimiento a Baza, trató de ampararse en la cobertura de la declaración “emergencia” para eludir y acelerar trámites esenciales que, de proseguir por la vía ordinara, podrían haber impedido la aprobación final del trasvase. La CHG trataba, sin duda, de justificar la construcción de un pantano, el Portillo, que nació para trasvasar el agua que ya fue rechazada en el anterior proyecto; es decir, que pretende darle una función a lo que no fue más que un despropósito económica y ambientalmente. Ahora, sin proyecto técnico y sin una concesión de agua aprobada, acuerda la CHG el trasvase de entre 6-7 hm3 (el 10 % del caudal aportado por el río en los años que llevamos de siglo), y lo justifica como necesidad para abastecimiento debido a la disminución del caudal aportado por las fuentes de las que se abastece el municipio de Baza. El Gobierno lo aprueba sin otra consideración y acogiéndose a la prórroga del decreto de medidas contra la sequía a finales de 2006.

No obstante, algunas de las irregularidades, falsedades y omisiones, en la información facilitada por la CHG a las demás administraciones con competencias, la llamada Ficha Ambiental, se han puesto al descubierto una vez que se iniciaron las obras. Entre ellas se ocultaba que parte del trazado del río discurría por un BIC, como es el conjunto histórico de Castril, o que la tubería discurría en paralelo al río, invadiendo el valle fluvial y atravesando el río por varios puntos, destruyendo vegetación de ribera. Esto ha provocado que la Plataforma por la Defensa del Río Castril y Ecologistas en Acción hayan denunciado y se hayan personado en diferentes procedimientos judiciales. Pero las denuncias no se han quedado sólo en el hecho de que las obras que se ejecutaban no se correspondan con las inicialmente aprobadas.

El proceso seguido con las expropiaciones por vía de urgencia (amparadas en el decreto 1419/2005) ha sido recurrido por agricultores y comunidades de regantes, así como por el ayuntamiento de Cortes. La resolución de la secretaría de Cambio Climático, del ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino, que denegaba la necesidad de proceder al estudio de impacto ambiental, también se encuentra recurrida ante la Audiencia Nacional por la Plataforma y el ayuntamiento de Cortes. Hay que recordar que esta resolución se basa en la Ficha Ambiental plagada de errores y omisiones, que ignora la ausencia de proyecto técnico, los trámites de exposición y consulta, así como los caudales ecológicos realizados a instancias de la Junta de Andalucía y llevados a cabo por especialistas universitarios dirigidos por el profesor Alba Tercedor. En dicho estudio se pone de manifiesto que el caudal ecológico del río, aguas abajo del Portillo oscila entre los 1000 y 1500 l/sg, muy lejos de los 500 o 150 l/sg. que, según las conveniencias, sin estudio que lo avale, se han manejado desde la CHG. Si el caudal que aporta el río en la actualidad no es suficiente para mantener el caudal ecológico y las concesiones para regadíos, la detracción para el trasvase supondrá su degradación ecológica. En vía penal, ante el juzgado de Huéscar, se encuentran diligencias abiertas por denuncia de la Plataforma. A dicho juzgado la fiscalía ha remitido el expediente de las investigaciones realizadas a raíz de la denuncia interpuesta por Ecologistas en Acción, al apreciar en las irregularidades denunciadas indicios de apariencia delictiva.

Todas estas denuncias se vieron fortalecidas con la anulación por el Tribunal Supremo del decreto 1419/2005 en sentencia publicada el 1-3-2010. Al ser declarado nulo de pleno derecho, también quedaron anuladas sus prórrogas. Las obras del trasvase se hicieron con carácter de emergencia aprovechando la cobertura de dicho decreto, ahora anulado. Por ello, no fue necesario el proyecto técnico, fue aplicado el art. 72 de la LCAP, y las expropiaciones se hicieron de acuerdo al artículo 54 de la ley de Expropiación Forzosa. Con esta nueva situación, la de declaración de nulo de pleno derecho del RD 1419/2005, el ayuntamiento de Cortes ordenó la paralización de las obras, pues ya no se podía justificar la emergencia, las expropiaciones y la ausencia de proyecto técnico. En consecuencia, es preceptiva la concesión de licencia municipal para proseguir las obras. Este decreto de la alcaldía fue suspendido cautelarmente por el juzgado de lo contencioso-administrativo de Granada en recurso interpuesto contra él por varios ayuntamientos, que aspiran a beneficiarse del trasvase, y el ministerio a través de la abogacía del estado.

Conocida por la población la carencia de cobertura de legalidad, cuando las obras se reemprendieron en el término municipal de Cortes durante el mes de agosto de 2010, las protestas se incrementaron. La respuesta de la subdelegación de Gobierno, a pesar de las advertencias de ilegalidad del proceso seguido en la tramitación del proyecto y en las expropiaciones, fue más propia de una dictadura que de un Estado de derecho. Las concentraciones pacíficas que los vecinos/as realizaban en sus tierras, en contra del destrozo de sus cultivos o de la vegetación de ribera, fueron disueltas. Más de 100 vecinos/as recibieron multas de entre 4.000 y 7.000 euros sin haber sido previamente identificadas; otras personas están acusadas judicialmente de reuniones y coacciones. Todo ello en un delirio imaginativo sin precedentes; pues la acusación se basa en hechos que no corresponden con la realidad. El pueblo de Cortes de Baza fue tomado por lo antidisturbios (GRS), se establecieron controles y registros, a los agricultores/as se les impidió el acceso a sus tierras. Como consecuencia de ello, las movilizaciones cesaron por el momento. Sobre estos hechos IU presentó varias preguntas en el Congreso durante la legislatura pasada. No hubo respuesta.

Algunos enlaces de los vídeos de la represión.

Francisco del Río Sánchez
Profesor de Filosofía

No hay comentarios:

Publicar un comentario